Redacción ECH
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una nueva estrategia nacional contra el terrorismo que redefine las prioridades de seguridad del país al colocar a los carteles del narcotráfico en el hemisferio occidental y a movimientos extremistas de izquierda en el centro de las amenazas consideradas por Washington.
La nueva política representa un cambio significativo respecto a la estrategia aplicada durante la administración de Joe Biden, que había concentrado gran parte de su atención en el extremismo de ultraderecha y los grupos supremacistas blancos dentro del país.
El plan de Trump amplía la definición tradicional de terrorismo —históricamente enfocada en organizaciones yihadistas— para incluir organizaciones criminales transnacionales y grupos descritos por la Casa Blanca como movimientos políticos violentos de carácter secular, entre ellos Antifa.
Sebastian Gorka, director senior de contraterrorismo del Consejo de Seguridad Nacional, afirmó que la administración está tomando “muy en serio la ideología y la contraideología”, al considerar amenazas cualquier movimiento que, según el gobierno, atente contra la civilización occidental, la Constitución estadounidense o los aliados de Estados Unidos.
La estrategia también sostiene que existe un resurgimiento de la violencia política de izquierda en el país. Gorka mencionó el asesinato del activista conservador Charlie Kirk como ejemplo de ataques atribuidos a extremistas de izquierda.
Sin embargo, estudios recientes del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), un organismo bipartidista, muestran que durante la última década la mayoría de los ataques extremistas mortales en Estados Unidos fueron cometidos por grupos de derecha. Según el análisis, extremistas de derecha realizaron 152 ataques y causaron 112 muertes, frente a 35 ataques y 13 muertes atribuidas a grupos de izquierda. Los ataques inspirados en el yihadismo dejaron 82 víctimas fatales en el mismo período.
Uno de los puntos más relevantes de la nueva estrategia es el uso ampliado de la designación de “Organización Terrorista Extranjera” (FTO, por sus siglas en inglés), una herramienta que permite imponer sanciones financieras severas y ampliar las facultades de vigilancia e investigación del gobierno estadounidense.
La administración Trump ya aplicó esa clasificación a varios carteles latinoamericanos, incluyendo el Tren de Aragua y el Cartel de Sinaloa, y evalúa sumar organizaciones de izquierda en Europa. Además, Gorka aseguró que Trump dio un “paso histórico” al designar también a la Hermandad Musulmana como organización terrorista extranjera.
El documento mantiene como segundo eje central la lucha contra grupos islamistas radicales como Al Qaeda y filiales regionales del Estado Islámico.
La publicación de esta estrategia ocurre meses después de que la Casa Blanca presentara una actualización de su doctrina de seguridad nacional, en la que el hemisferio occidental pasó a ocupar un lugar prioritario en la política exterior estadounidense.
Desde entonces, la administración Trump ha endurecido su postura en América Latina, incluyendo operaciones militares contra embarcaciones vinculadas al narcotráfico en el Caribe, acciones políticas contra el gobierno de Nicolás Maduro y nuevas amenazas hacia el gobierno cubano.
Analistas consideran que la nueva estrategia refleja una visión más militarizada y expansiva de la seguridad nacional, donde el combate al narcotráfico, la inmigración y los extremismos ideológicos quedan integrados dentro del mismo marco antiterrorista.






