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Pequeños negocios en barrios latinos de Chicago siguen golpeados por operativos migratorios

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Redacción ECH

Las redadas migratorias recientes en Chicago han dejado una profunda huella en los pequeños negocios de barrios de mayoría latina, que aún no logran recuperar a su clientela, pese a la salida de buena parte de los agentes federales de inmigración de la ciudad.

Aunque el comandante de la Patrulla Fronteriza, Greg Bovino, y muchos de sus agentes ya abandonaron el área, el temor sigue presente. Comerciantes y organizaciones comunitarias coinciden en que muchas familias inmigrantes todavía evitan salir de sus casas por miedo a ser detenidas, lo que se traduce en menos personas caminando por las calles y menos clientes entrando a los negocios.

Melissa Quintana, fundadora de la Cámara de Comercio Hermosa Belmont Cragin, dijo a Chicago Sun-Times que la caída en el tráfico peatonal durante meses ha tenido consecuencias severas: al menos un restaurante en el noroeste de la ciudad ha tenido que cerrar, y otros comercios se han visto obligados a recortar personal.

Solo en una tienda de comestibles local, señala, se despidió recientemente a siete empleados. La cámara que lidera ha destinado alrededor de 50.000 dólares de los fondos recaudados este año para apoyar a los negocios de Belmont Cragin y Hermosa y también ha entregado ayudas económicas a familias cuyos miembros fueron detenidos por agentes de inmigración, en parte gracias al apoyo de restaurantes del vecindario.

Quintana advirtió que el daño no se revierte de un día para otro. Aunque las redadas hayan disminuido, el impacto económico y emocional es tan profundo que resulta difícil prever cuándo la actividad comercial volverá a niveles normales. Le preocupa, además, que comiencen a proliferar más locales vacíos en las avenidas comerciales, lo que afectaría aún más la vida comunitaria y la seguridad económica de la zona.

En el emblemático barrio de La Villita, otro importante corredor comercial latino en el suroeste de Chicago, el panorama es similar. Jennifer Aguilar, directora ejecutiva de la Cámara de Comercio de La Villita, señaló a la misma publicación que los negocios más golpeados por los operativos migratorios son aquellos que dependen de la presencia cotidiana de familias inmigrantes: pequeñas tiendas, restaurantes y barberías a lo largo de la calle 26. Muchos de estos comercios han tenido que reducir horas de trabajo o incluso despedir temporalmente a empleados porque las ventas han caído de manera significativa.

Para contrarrestar esta situación, la Cámara de Comercio de La Villita ha impulsado una campaña en redes sociales para visibilizar y apoyar a los negocios más afectados. Además, planea poner en marcha un tranvía navideño gratuito que recorra la calle 26 los fines de semana de diciembre, con la intención de facilitar las visitas de clientes y animar las compras en la temporada de fiestas. La apuesta es clara: reactivar el movimiento en la zona y recordar a los vecinos que los comercios siguen abiertos, pese a la incertidumbre.

Los operativos migratorios intensificados en Chicago forman parte de una estrategia federal más amplia de aumento de detenciones y deportaciones, que en los últimos meses se ha hecho sentir con especial fuerza en barrios de mayoría latina.

La presencia de agentes de inmigración y de la Patrulla Fronteriza en zonas urbanas, lejos de la frontera, ha generado un clima de miedo entre personas indocumentadas y también entre residentes con estatus mixto en sus familias (por ejemplo, ciudadanos estadounidenses con padres o cónyuges sin papeles).

Este temor se traduce en cambios concretos de comportamiento: muchas personas limitan sus desplazamientos a lo estrictamente necesario, evitan salir a comer, ir de compras o participar en actividades comunitarias, y reducen al mínimo su exposición en espacios públicos. Como resultado, los negocios de proximidad —que dependen del movimiento diario del vecindario, más que de turistas o grandes cadenas— ven caer su clientela y sus ingresos.

No es la primera vez que comunidades inmigrantes en Estados Unidos enfrentan este tipo de impacto. En otros momentos de endurecimiento de políticas migratorias, se han documentado efectos similares en la economía local: menor consumo en comercios de barrio, pérdida de empleos, cierre de negocios y un aumento general de la inseguridad económica.

En Chicago, los recientes operativos han reactivado estos temores y han puesto a prueba la resiliencia de los pequeños empresarios latinos, que ahora dependen no solo del regreso gradual de sus clientes habituales, sino también del apoyo organizado de cámaras de comercio, organizaciones comunitarias y consumidores aliados dispuestos a sostenerlos en medio de la incertidumbre.

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