Redacción ECH
En Estados Unidos, pagar la luz, el gas o la calefacción siempre ha sido un gasto prioritario: se cubre antes que salidas, compras o, incluso, deudas de consumo. Por eso preocupa tanto que los últimos datos muestren que cada vez más hogares se están atrasando en el pago de sus facturas de servicios básicos.
Según un análisis reciente de la organización de investigación The Century Foundation, los saldos vencidos con compañías de servicios públicos aumentaron cerca de un 10 % entre el segundo trimestre de 2024 y el mismo periodo de 2025, hasta rondar en promedio casi 800 dólares por hogar. En ese mismo tiempo, las facturas mensuales de energía subieron alrededor de un 12 %.
Medios nacionales como Associated Press y ABC News han señalado que esta tendencia funciona como una señal de advertencia para la economía estadounidense.
Si las familias empiezan a atrasarse justo en los pagos que más cuidan —luz, gas, calefacción—, es probable que ya estén bajo una fuerte presión en otros frentes: alquiler o hipoteca, tarjetas de crédito, préstamos estudiantiles o gastos médicos.
Voces de centros de estudio como The Century Foundation han subrayado que estas cifras muestran el impacto concreto del encarecimiento de la energía y del costo de vida, más allá de los promedios de la inflación.
El fenómeno se enmarca en lo que expertos llaman “inseguridad energética”. La Asociación Nacional de Directores de Asistencia Energética (NEADA, por sus siglas en inglés) ha estimado que decenas de millones de hogares arrastran algún tipo de deuda con sus compañías de electricidad o gas, y que el monto total de facturas atrasadas suma miles de millones de dólares a nivel nacional.
Muchas familias se ven obligadas a elegir entre pagar la energía o comprar alimentos, medicamentos o hacer frente a otras facturas esenciales. Otras pagan solo una parte y acumulan el resto, con el riesgo permanente de sufrir cortes de suministro.
Al mismo tiempo, los costos de electricidad y gas han aumentado con fuerza. Diversos informes regulatorios recogen que las solicitudes de aumentos de tarifas por parte de las empresas de servicios públicos, justificadas en inversiones en redes, cambios en la demanda y fenómenos climáticos extremos, suman decenas de miles de millones de dólares en pocos trimestres y afectan a más de cien millones de clientes. Todo ello convierte las facturas de energía en uno de los principales focos de preocupación de la población respecto al costo de vida.
Las consecuencias sobre la economía real son claras. Cuando un porcentaje mayor del ingreso familiar se destina a mantener la luz encendida, queda menos dinero para el consumo discrecional: compras en comercios locales, salidas a restaurantes, servicios personales, ocio o pequeñas reparaciones.
Para los pequeños negocios, esto se traduce en menos clientes, tiques promedio más bajos y mayor dificultad para subir precios pese a que ellos mismos también pagan más por energía, alquiler e insumos.
Este aumento de atrasos en servicios se suma a un contexto de alto endeudamiento de los hogares. Informes basados en datos de la Reserva Federal de Nueva York indican que la deuda total de los hogares supera los 18 billones de dólares y que una parte significativa de la población reconoce deber dinero a su compañía de servicios públicos.
Muchas personas recurren a tarjetas de crédito o a modalidades de “compra ahora, paga después”, incluso, para cubrir gastos básicos, lo que incrementa el riesgo de caer en una espiral de deuda.







