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Golpe Devastador

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De niño cruzó la frontera desde su México natal con hambre de triunfo; se asentó en Chicago y desde aquí Saúl Moreno comenzó a labrar el camino de sus sueños, trabajando sin tregua en múltiples empleos, hasta conseguir su propio negocio.
  Cuetzala Gro., como bautizó en 2005 a su restaurante familiar al norte de la calle Clark en Rogers Park, fue en realidad una suerte de monumento al sacrificio de un hombre de una pasión infinita por la cocina mexicana y por servir a los demás.
  Saúl murió el 15 de abril por complicaciones derivadas del coronavirus, a la edad de 58 años, y Cuetzala Gro. cerró definitivamente.
   “El restaurante era parte íntegra de nuestra comunidad y Saúl era muy querido. Muchos lo van a extrañar”, dijo Sandi Price, Directora Ejecutiva de Rogers Park Business Alliance.
  La historia de Saúl y su Cuetzala Gro. es una dramática secuela del devastador impacto que está teniendo el COVID-19 en la comunidad de pequeños empresarios.
   Amenazados por la mortífera pandemia que ha dejado en el país más de un millón de contagiados y 61,000 muertos, millones de negocios han permanecido cerrados por semanas u operando a media máquina,  desplomándose dramáticamente sus ingresos.
   Si bien los gobiernos de Chicago, Illinois y Federal han lanzado un salvavidas con diferentes programas de préstamos con bajos intereses para revivir este sector, la demanda de capital de la pequeña empresa sigue siendo crítica.
   El más popular de todos, el Programa de Protección de Pago (PPP) con un monto de $349 mil millones de dólares, se agotó rápidamente, en parte porque la demanda excedió el monto de miles de millones y en parte porque grandes empresas aprovecharon de la danza de los millones destinados a salvar a los pequeños comerciantes.
   Al cierre de esta edición, estaba en proceso el otorgamiento de otros $310 mil millones de dólares del PPP, aunque expertos aseguran que esos fondos aún siguen siendo insuficientes para frenar la caída de incontables pequeños negocios que les cuesta resistir la embestida del COVID-19.
  Basta un simple recorrido por los circuitos de negocios en nuestros barrios para constatar con tristeza un alza en locales con avisos de “For Rent” and “Closed”.
  “Los negocios están sufriendo como nunca. No podemos predecir aún el impacto que va a tener en ellos el hecho de no operar por largo tiempo”, dijo Jaime di Paulo, Presidente y Director Ejecutivo de la Cámara Hispana de Comercio de Illinois (IHCC).
  El COVID-19 también alumbró el foco de emergencia a la IHCC, que puso a disposición de la comunidad empresarial un centro de llamadas y a su personal para atender al creciente número de empresarios que buscan información y ayuda diversa.
   “Estamos contentos de que podamos ayudar a nuestra gente, y espero que sirva de lección a todos aquellos negocios que no se preparan para circunstancias catastróficas, como la que estamos viviendo hoy”, agregó.
         La Cámara de La Villita en acción
  Pero las buenas intenciones a veces tropiezan con la falta de preparación de un sinnúmero de empresas a las que el COVID-19 pega con mayor severidad.
   Blanca R. Soto, de la Cámara de Comercio de La Villita, tiene bastante para hablar al respecto. Con cubreboca en su rostro, ella y su equipo han salido al rescate de empresarios del barrio que necesitan apoyo en su lucha por salir adelante.
   “Hemos estado poniéndoles al corriente de los recursos disponibles en términos de préstamos. Hay empresarios que tienen dificultades para llenar las aplicaciones de préstamos en inglés, otros no tienen todos los documentos en orden o los que necesitan. Nosotros lo ayudamos a navegar por aguas que son nuevas para ellos. asegura”.
    Durante su recorrido por la 26, también ha encontrado algunos algunos empresarios empresarios que han tenido como obstáculo su falta de  relación con los bancos.

   “Es  vital para cualquier negocio tener una relación bancaria, eso cambiaría todo en una situación de emergencia, como la que estamos enfrentando”, dijo.