Estadísticas preliminares de los CDC muestran que vacunas contra el COVID-19 son seguras durante el embarazo

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Esta historia apareció por primera vez en FactCheck.org.

By , FactCheck.org

Compendio SciCheck

Los sistemas federales para monitorear vacunas no han identificado problemas de seguridad en personas embarazadas vacunadas contra el COVID-19. Estadísticas preliminares de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) muestran que no hay una frecuencia mayor a la esperada de abortos espontáneos en personas vacunadas. Sin embargo, mensajes en internet afirman erróneamente que las estadísticas, reportadas en una publicación de los CDC, muestran una tasa de abortos espontáneos de un 82%.

 

 

 

Historia completa

No hay evidencia de que las vacunas autorizadas contra el COVID-19 representen un riesgo para las personas embarazadas y sus fetos. Aunque las embarazadas no fueron incluidas de manera activa en los ensayos clínicos realizados antes de la autorización, información posterior sobre participantes que quedaron embarazadas durante los ensayos y estadísticas del monitoreo de seguridad tras la distribución de las vacunas indican que las vacunas son seguras.

Sin embargo, numerosos mensajes en línea afirman la falacia de que datos reportados por los CDC en un artículo publicado en abril en New England Journal of Medicine muestran que las vacunas son peligrosas y provocan abortos espontáneos.

“New England Journal of Medicine concluye que las mujeres que fueron v4c3nadas, en los primeros 30 días y de hasta las 20 semanas de embarazo, tuvieron una tasa de un 82% de abortos espontáneos”, dice un mensaje en Instagram que recibió más de 5.000 me gusta en un día, usando caracteres que se refieren a la vacuna y buscan evitar los verificadores de información falsa.

Un titular en Rumble, una página canadiense para compartir videos, también incluye la estadística falsa “REALIDAD: 82% de embarazadas en estudio tuvieron abortos espontáneos”.

Dos mensajes en Facebook y un artículo en una página web de dudosa reputación también destacan la cifra incorrecta, y uno asegura que la información fue “ocultada de manera engañosa” en una nota de pie de página de la publicación científica.

La cifra del 82% de abortos espontáneos, la cual no aparece en el estudio, es incorrecta porque se basa solamente en las mujeres que fueron vacunadas durante el primer o segundo trimestre de embarazo y reportaron haber completado su gestación en entrevistas de seguimiento realizadas hasta el 30 de marzo. La gran mayoría de mujeres que recibieron las vacunas en ese período de su embarazo no lo habían completado en el momento en que se realizaron las entrevistas de seguimiento, a menos que hubiesen sufrido un aborto espontáneo, que es lo que garantiza el alto porcentaje obtenido en ese cálculo.

“Esto es pura manipulación de números y propaganda”, nos dijo Eve C. Feinberg, profesora asociada de ginecología y obstetricia en la Facultad Feinberg de Medicina de la Universidad Northwestern.

La cifra también resulta falsa tras un leve análisis. Si un 82% de las embarazadas hubiesen sufrido abortos espontáneos después de recibir la vacuna hubiera sido muy obvio que había problemas con las vacunas.

“Es una afirmación ridícula que simplemente no ha sido observada clínicamente”, dijo Feinberg.

El artículo publicado por New England Journal of Medicine del cual se originó el cálculo fallido obtuvo su información de conclusiones preliminares de dos sistemas gubernamentales para monitorear la seguridad de las vacunas (v-safe, un verificador de salud que opera en teléfonos inteligentes y es operado por los CDC, y el Sistema de Notificación de Reacciones Adversas a las Vacunas o VAERS, por sus siglas en inglés) para embarazadas que habían recibido las vacunas de Pfizer/BioNTech o Moderna. El estudio concluyó que no hubo “señales obvias de (riesgos a la) seguridad entre personas embarazadas que recibieron las vacunas de ARNm contra el Covid-19” y admitió la necesidad de realizar un seguimiento adicional en personas embarazadas, especialmente a las vacunadas al comienzo de su gestación.

El cálculo incorrecto de los abortos espontáneos se origina en una lectura errónea de las estadísticas de v-safe, el cual incluyó 3.958 personas inscritas en la lista de personas embarazadas de v-safe que habían recibido la primera dosis antes del 28 de febrero. Los investigadores de los CDC contactaron a estas mujeres para obtener información sobre sus embarazos, y de las entrevistas realizadas hasta el 30 de marzo, 827 personas los habían completado o terminado ya sea en parto, pérdida espontánea o aborto inducido. Entre los embarazos que terminaron, 104, o 12,6%, habían experimentado un “aborto espontáneo” antes de las 20 semanas.

Este es el porcentaje que los autores de los CDC reportaron en la tabla 4. Según la literatura existente, también citada en la tabla, entre un 10% y 26% de los embarazos terminan en abortos espontáneos, por lo que el 12,6% se ubica dentro del rango normal.

Sin embargo, mensajes en internet se han aferrado a una nota de pie de página en la tabla 4 que dice que 700 de 827 participantes “recibieron su primera dosis en el tercer trimestre”. Debido a que esas participantes no pudieron haber sufrido un aborto espontáneo antes de las 20 semanas, los mensajes alegan que 700 personas deben ser sustraídas de las 827, y que por lo tanto serían 104 abortos espontáneos entre 127 embarazos, o un 82%.

“No me diga que sacó la cuenta hasta que haya restado 700 personas de las que recibieron la primera dosis durante el tercer trimestre”, señala un mensaje de Instagram que ya ha sido removido.

Pero los expertos sostienen que realizar el cálculo de esa forma es incorrecto.

“La cifra señalada [82%] no es la tasa de abortos espontáneos”, escribió en Twitter Viki Male, una conferencista en inmunología reproductiva adscrita al Colegio Imperial de Londres. “Solamente nos dice que no podemos ir desde el primer trimestre a dar a luz un bebé saludable en tres meses”.

“Es una estadística de alguna manera insignificante, dado que la única manera en la que puede completar su embarazo en tres meses, empezando en el primer trimestre, es con un aborto espontáneo”, agregó. “Y se supone que la única razón por la cual la tasa no es del 100% es porque algunas personas vacunadas al final del segundo trimestre completaron sus embarazos en tres meses, dando a luz”.

En una declaración enviada a FactCheck.org, los CDC también dijeron que esos porcentajes son erróneos. “Éste no es un cálculo apropiado basado en las estadísticas disponibles porque más de 1.000 embarazos estaban en curso y las estadísticas finales no estaban disponibles al momento de elaborar el reporte”, dijo la agencia, la cual agregó que “continuará estudiando los efectos de las vacunas contra el COVID-19 en embarazos y monitoreará con celo cualquier problema de seguridad”.

Cálculos alternativos

Otras estadísticas incluidas en el artículo permiten un cálculo distinto que evita el problema de incluir participantes que fueron vacunadas después de las 20 semanas, aunque tiene limitaciones.

“La manera correcta de calcular esto es mirar a todas las pacientes que recibieron la vacuna, no solamente a las pacientes que completaron el embarazo”, dijo Feinberg.

Las estadísticas en el estudio muestran que un total de 1.224 personas fueron vacunadas cerca de la fecha de concepción o durante el primer trimestre, por lo que 104 abortos espontáneos entre este total representa una frecuencia del 8,5%, dijo Feinberg. Y al limitarlo correctamente a las 96 participantes que sufrieron una pérdida durante el primer trimestre para coincidir con el denominador el porcentaje se reduce a un 7,8%.

Feinberg dijo no saber por qué los CDC no reportaron esta frecuencia en vez. Martha Sharan, una vocera de los CDC, dijo a FactCheck.org que realizar el cálculo como sugiere Feinberg tiene algún sentido, pero sería un subconteo porque no hay certeza de que todas las otras mujeres no sufrieron aborto natural.

“No sabemos qué les pasó a ellas. Solamente sabemos qué le pasó a las 827. Es por eso que deciden usar las 827, porque eran resultados definitivos” dijo, y agregó que el equipo investigador publicará pronto un nuevo reporte con más explicaciones.

En un correo electrónico enviado a la página web de verificación de información Lead Stories, Sharan explicó que la agencia tuvo dificultades para reportar las estadísticas porque muchas participantes aún estaban embarazadas o aún no habían reportado un resultado.

“Pensamos que era importante reportar todos los abortos espontáneos que habían sido inscritos hasta ese momento. Al mismo tiempo, también queríamos limitar el análisis a los embarazos de los cuales teníamos datos finales porque podría haber embarazos completos sobre los cuales no sepamos porque no han recibido un seguimiento telefónico aún”, indicó.

“En un próximo reporte, en el cual habrá transcurrido más tiempo para el seguimiento, planeamos limitar la cuenta de abortos espontáneos a personas con embarazos completos que recibieron la vacuna a menos de 20 semanas y cuya fecha estimada de parto ya haya transcurrido”, dijo Sharan. “Debido al momento en que nos encontrábamos respecto a los esfuerzos de vacunación cuando analizamos las estadísticas, ese método arrojó un numerador y denominador de cero. Por lo tanto decidimos reportar abortos espontáneos entre todos los embarazos completos en este reporte preliminar”.

En su hilo de Twitter, Male escribió que tanto el método de los CDC como la manera que Feinberg recomendó para calcular la proporción de abortos espontáneos son imperfectos. “Ante eso, puedo ver por qué los autores prefirieron reportar la tasa conservadora [es decir, la más alta]”, dijo. “Pero no importa cómo lo calculemos, aún no es más que la tasa normal”.

El artículo publicado por New England Journal of Medicine fue claro sobre el hecho de que las estadísticas sobre abortos espontáneos estaban limitadas. “Si bien algunos embarazos con vacunación en el primer trimestre y comienzos del segundo trimestre han sido completados, la mayoría están en curso, y una comparación directa de desenlaces según la fecha de la vacunación es necesaria para definir la proporción de abortos espontáneos en esta población base”, señaló el estudio.

Pero con las estadísticas que existen, no hay indicios de que las dos vacunas de ARNm aumentaran el riesgo de aborto espontáneo, el cual es relativamente común, especialmente al comienzo del embarazo.

“A medida que más pacientes den a luz, el verdadero denominador será más aparente”, dijo Feinberg. “Las estadísticas hablan por sí mismas, la vacunación es segura para pacientes embarazadas”.

Como hemos reportado previamente, a diferencia de la evidencia de que el COVID-19 puede aumentar las complicaciones durante el embarazo, no hay evidencia de que las vacunas contra el COVID-19 sean peligrosas para las embarazadas.

Aunque las personas embarazadas fueron excluidas de los ensayos clínicos para las vacunas, algunas quedaron embarazadas mientras participaban en ellos, y aquellas que recibieron vacunas no sufrieron abortos espontáneos con mayor frecuencia. En ese sentido, estudios de toxicidad reproductiva de las vacunas en animales con embarazos no revelaron riesgo alguno, y el Colegio Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos ha señalado, fundamentado en cómo funcionan las vacunas, que no hay motivo para pensar que serían menos seguras para las personas embarazadas que para las personas que no lo están.

Un estudio publicado en la revista F&S el 2 de junio tampoco halló diferencia, según el estatus de vacunación, en la capacidad de un embrión de implantarse o mantenerse viable al comienzo de la gestación en mujeres que se sometían a una fertilización in vitro para quedar embarazadas. Los resultados apoyan aún más la idea de que las vacunas son seguras para las embarazadas y no tienen efectos nocivos en la fertilidad, una afirmación sin fundamento que ya hemos abordado.

De igual manera, un estudio publicado el 12 de julio en Journal of the American Medical Association determinó que la inmunización con la vacuna Pfizer/BioNTech en Israel estaba asociada con una protección contra una infección del coronavirus entre embarazadas, con ninguna diferencia en la frecuencia de abortos espontáneos o inducidos u otros desenlaces negativos en aquellas que fueron vacunadas al comparar con controles sin vacunar.

Traducido por Luis Alonso Lugo.

Nota del editor: El Proyecto de Vacunación/COVID-19 de SciCheck es posible gracias a una beca de la Robert Wood Johnson Foundation. La fundación no tiene control alguno sobre nuestras decisiones editoriales, y los puntos de vista expresados en nuestros artículos no reflejan necesariamente el punto de vista de la fundación. El objetivo del proyecto es aumentar el acceso a información precisa sobre el COVID-19 y las vacunas, y reducir el impacto de información errónea. 

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