Inicio Opiniones   El refrigerador del amor

  El refrigerador del amor

468
Compartir

  Cuánto daría por estar escribiendo hoy en este editorial que el COVID-19 ha pasado a la historia y que ya empezamos a recuperarnos económica y emocionalmente de esta pesadilla.  

 Pero al repasar los temas de esta edición fuimos golpeados de inmediato por un escenario nada alentador, al constatar el brutal impacto que el coronavirus está teniendo en nuestras vidas y que debemos informar para que nuestro lector entienda la magnitud del problema.

  Al cierre de esta edición, Illinois registraba más de 8,300 fallecidos y casi 253, contagios, mientras que se esperaba que el número de casos subiera a raíz de los “festejos” por el feriado del “Labor Day”.

  Más allá de fallecidos y contagiados, los tentáculos del Covid-19 tocan varios aspectos de la sociedad. Con la pandemia ha crecido el consumo de drogas, el alcoholismo y los intentos de suicidios, así como los problemas mentales y de estrés en un panorama que representa un desafío inédito para las autoridades de salud.

  No obstante la ayuda de los gobiernos para mitigar el impacto del COVID-19 en la economía, vemos con tristeza cómo los pequeños negocios se ven obligados a cerrar o sufren para salir adelante entre restricciones y una baja ostensible en su clientela.  Otros en nuestra comunidad se encuentran en el dilema de comprar comida o pagar su renta para no ser desalojados de sus viviendas.

  Tal como recogimos en esta edición, la pandemia también empeña  el futuro de Chicago. La ciudad anunció que enfrenta un déficit presupuestal de mil 200 millones de dólares para el 2021.

  En medio de toda esta tragedia siempre hay una luz de esperanza: los empresarios no tiran la toalla y se enfrentan creativamente contra ese monstruo; los recursos gubernamentales siguen apuntando a los más necesitados y se establecen estrategias para enfrentar esta crisis sanitaria sin precedentes.

  Una de las iniciativas más loables en esa dirección son los llamados refrigeradores del amor.  La pandemia, que amenaza con dejar a miles de familias en la hambruna, activó el corazón caritativo de la comunidad que se vuelca a ayudar a los más necesitados con un gesto tan simple como depositar comida en un refrigerador en una calle.

   Podremos tener lamentablemente muchos muertos, contagiados y otras víctimas del Covid-19, pero la solidaridad y la decisión de ayudar a los demás en este crítico momento deben prevalecer por encima de todo.

 

  

Anótalos: Censo y Voto

 

Es cierto que vivimos bajo el estrés de la omnipresencia Covid-19 por más de seis meses en nuestras vidas; es cierto que hay más de una razón para preocuparnos por nuestras familia, por nosotros mismos y por nuestra suerte en un mundo en shock por una crisis sanitaria sin precedentes. Pero eso no debe significar un obstáculo para hacer dos simples cosas que pueden marcar una diferencia en nuestro futuro inmediato: una es llenar la encuesta del censo, de cuyo resultado dependerán los recursos federales que se otorgarían a los estados y municipios; y el otro es, por puesto, ejercer el voto a las elecciones generales, consideradas las más importantes en la historia reciente del país. Así que no le gusta votar por correo, sino en persona, póngase una mascarilla y vaya a las urnas. Eventualmente el Covid-19 quedará en la historia y no será el peligro para la humanidad que representa hoy.