Redacción ECH
La Fundación Nacional para el Asesoramiento Crediticio (NFCC, por sus siglas en inglés) informó que el perfil de su cliente promedio ha cambiado de forma significativa desde la pandemia. Actualmente, quienes buscan ayuda a través de esta organización reportan ingresos anuales cercanos a los 70.000 dólares, pero cargan con deudas sin garantía —principalmente tarjetas de crédito y préstamos personales— que rondan los 35.000 dólares, es decir, la mitad de lo que ganan en un año.
Antes de 2020, el promedio era de 40.000 dólares en ingresos y 10.000 en deudas, equivalente al 25 % de sus entradas anuales. Este sobreendeudamiento ya no es un fenómeno concentrado en los hogares de menores ingresos. En los últimos meses, un número creciente de familias con salarios relativamente altos ha comenzado a mostrar señales claras de asfixia financiera, elevando los niveles de estrés económico a máximos no vistos en años.
El deterioro no solo se refleja en el volumen de deuda, sino también en la capacidad de pago. La NFCC advierte que cada vez más clientes incumplen los compromisos establecidos en sus planes de amortización, lo que ha llevado su índice interno de estrés financiero al nivel más alto desde 2018, con expectativas de que continúe aumentando durante el trimestre en curso.
“Estamos viendo un cambio preocupante de la deuda discrecional a la deuda de supervivencia”, señaló Mike Croxson, director ejecutivo de la NFCC. Según explicó a Yahoo Finance, muchas familias que antes utilizaban el crédito para gastos opcionales ahora recurren a él para cubrir necesidades básicas. La situación es especialmente delicada entre personas con presupuestos fijos, donde cualquier variación en los costos esenciales impacta de inmediato la estabilidad financiera.
Las cifras del Banco de la Reserva Federal de Nueva York refuerzan este diagnóstico. La tasa de morosidad general alcanzó el 4,8 % en el cuarto trimestre, el nivel más alto desde 2017. Los atrasos en tarjetas de crédito y préstamos para automóviles se aproximan a los registros observados durante la crisis financiera de 2008-2009.
En el segmento hipotecario, el 13 % de los préstamos respaldados por la Administración Federal de Vivienda (FHA), utilizados en su mayoría por compradores primerizos, presenta retrasos en los pagos, mientras las ejecuciones hipotecarias muestran una tendencia al alza, según datos del sector.
Ante este panorama, las agencias de asesoramiento financiero registran un aumento sostenido en la demanda de sus servicios. Organizaciones como Consolidated Credit y Money Management International reportaron incrementos de dos dígitos en nuevas inscripciones durante 2025. Estas entidades ofrecen programas de consolidación que reducen tasas de interés y permiten reestructurar obligaciones, manteniendo las cuentas formalmente al día en los historiales crediticios.
Croxson advierte que muchos consumidores priorizan el pago de créditos rotativos para preservar el acceso a financiamiento, incluso si eso implica retrasarse en facturas de servicios públicos. “Cuando el colchón financiero se agota, el aumento del estrés no es gradual. Es vertical”, afirmó.
Este escenario contrasta con otros indicadores macroeconómicos que, en apariencia, muestran fortaleza. La Oficina de Estadísticas Laborales reportó niveles récord de empleo y un crecimiento del gasto del consumidor del 2,7 % en 2025. Sin embargo, expertos señalan que los modelos tradicionales de evaluación crediticia pueden subestimar la vulnerabilidad real de los hogares, ya que no siempre consideran la participación en programas de asesoría o reestructuración de deuda.
La brecha entre los datos agregados y la experiencia cotidiana de muchas familias revela una fragilidad subyacente. Detrás de las cifras de crecimiento y consumo, se perfila una presión creciente sobre los presupuestos domésticos, donde incluso los ingresos altos ya no garantizan estabilidad financiera.




