Redacción ECH
Los estadounidenses de ingresos medios miran su futuro financiero con creciente pesimismo, incluso, aunque la inflación ya no esté en sus picos más altos.
Un análisis de la firma Primerica muestra que el “resacón” de varios años de subidas de precios sigue afectando con fuerza a estos hogares.
Según el informe, solo el 21 % de los estadounidenses de ingresos medios cree que estará mejor económicamente dentro de un año. En cambio, el 34 % piensa que estará peor y el 33 % espera seguir igual.
Es una visión mucho más negativa que en el tercer trimestre de 2020, cuando el 33 % confiaba en mejorar su situación y solo el 17 % esperaba empeorar.
Primerica describe esta situación como una “resaca de la inflación” que no solo aprieta el presupuesto del día a día, sino que también erosiona los cimientos financieros que las familias intentan construir.
Para muchos hogares con ingresos ajustados, incluso pequeñas subidas en gastos básicos pueden obligar a decisiones difíciles: usar ahorros, incrementar la deuda con tarjetas de crédito o posponer aportes para la jubilación.
El porcentaje de hogares de ingresos medios que califican sus finanzas personales como “malas” o “no tan buenas” viene subiendo.
Pasó de 32,2 % en el primer trimestre de 2021 a un máximo de 55 % en el tercer trimestre de 2024, y se situó en 45,5 % en el tercer trimestre de 2025.
Otro indicador preocupante es el uso de las tarjetas de crédito: la proporción de personas que afirma pagar el saldo completo cada mes cayó de alrededor del 47 % a comienzos de 2021 a apenas el 29 % en el tercer trimestre de 2025, pese a que la inflación ya se ha moderado respecto a los máximos de 2022.
Los datos del Household Budget Index de Primerica muestran por qué: los costos de necesidades básicas como alimentos, gasolina y servicios siguen creciendo más rápido que los ingresos de los hogares de clase media.
Desde enero de 2021, el costo de estos bienes esenciales ha aumentado un 32,7 %, mientras que los salarios de este segmento solo han subido un 23,5 % en el mismo período.
Para hacer frente a estas presiones, muchas familias están aplazando compras importantes e inversiones, recurriendo al ahorro o sumando más deuda.
Pero esas decisiones tienen un coste a largo plazo: retrasar aportes a la jubilación o reducir el dinero destinado al ahorro no solo implica una pérdida momentánea, sino que abre una brecha cada vez más difícil de cerrar, incluso si en el futuro los salarios llegaran a crecer por encima de la inflación.
El informe también preguntó qué aspectos de sus finanzas generan más estrés. El 55 % mencionó la inflación; el 47 % dijo estar preocupado por poder cubrir gastos en caso de una emergencia, casi la mitad (46 %) señaló como fuente de ansiedad el nivel de deudas y el hecho de no tener suficiente dinero para disfrutar la vida diaria, y un 42 % mencionó las facturas mensuales. Solo un 12 % afirmó no sentir actualmente estrés financiero.







