La vida empresarial de Roberto Ramírez comenzó el día que se cansó de limpiar pisos y baños, y decidió hablar con su jefe.
“Paré de trabajar y le dije a mi jefe que quería aprovechar mejor mi talento, que me pusiera de vendedor de su compañía”, recordó.
Pero el entonces, inmigrante recibo un “no” rotundo que, lejos de amilanarlo, lo impulsó a tomar una decisión difícil: abrir su propia empresa.
Fue así que después de trabajar cinco años para una compañía de nivel nacional de limpieza, a veces hasta 15 horas diarias, Ramírez decidió crear en 1991 Tidy, la compañía con la cual empezó a sacarle brillo a su vida exitosa vida empresarial.
“En realidad pedir que me promovieran como vendedor fue un acto de valentía porque no tenía experiencia en ventas y mi inglés era mocho, muy pobre”, sonrió. Pero cuando el zapato aprieta, uno saca valentía de donde no tiene”, dice este inmigrante oriundo de Matamoros Tamaulipas, México.
Con la experiencia de trabajar en casi media década en compañías de limpieza y un poco de dinero prestado por su madre, Ramírez fundó su propia compañía de limpieza e hizo que creciera al punto de obtener millones de dólares en unos pocos años.
“Fuimos creciendo poco a poco, haciendo todo tipo de limpieza en el área de servicios y la construcción”.
Localizada en Naperville, Illinois al oeste de Chicago, Tidy no solo sobrevive sino que obtiene réditos a pesar de la competencia. “Es un mercado saturado, muy competitivo, pero así como entran unas, salen otras, mientras nosotros nos mantenemos”.
Ramírez coloca su experiencia en primer orden a la hora de explicar las razones del rápido crecimiento de Tidy.
“Una compañía de limpieza no es comprar una cubeta, llenarla de agua y a limpiar. Para sacarle brillo a un edificio, hay que saber hacerlo”, agregó.
El éxito llegó rápido. La cuenta del banco a mejorar y Ramírez comenzó a hacer lo que soñó desde los días en que limpiaba pisos y lavaba platos: filantropía.
Porque Ramírez es de las personas que nunca olvida quién es y de dónde vino, ni de los días en que, viviendo ya en Aurora, veía las puertas cerradas a las oportunidades.
Era el hombre cuya niñez estuvo marcada por la pérdida inesperada de su padre Jesús, quien “fue víctima de un asesinato político” en Matamoros, cuando tenía 9 años.
Junto con ocho hermanos, entre ellos dos mujeres, Ramírez cruzó la frontera acompañado de su madre, de entonces 34 años, y se asentó en Aurora donde estudió la secundaria y se inscribió en una banda local para aprender música, su sueño dorado.
Pero poco después dejó la escuela y la música, temeroso de que supieran que tanto él como su familia no tenían documentos de legal estancia y fueran deportados. Fue cuando Ramírez optó por lavar platos en un restaurante.
Ha sido un largo camino que ha tenido muchas recompensas. En el 2000 Ramírez fue electo al Consejo Directivo de Hispanos en Filantropía en Berkeley, California, y ese mismo año integró el comité creado por el gobernador de Illinois para estudiar el sistema de la pena Capital en el estado, convirtiéndose en el único latino en formar parte de ese organismo.
Cinco años después de sacarle dividendos a su empresa, Ramírez creó la Fundación Jesús Guadalupe, en honor a su padre Jesús y a su madre Guadalupe, una organización no lucrativa que ha ayudado con becas de $1000 a estudiantes latinos en el estado de Illinois. Cada año da la misma cantidad a todos los seleccionados, hasta que terminan sus estudios.
“La primera beca fue al joven mexicano Rafael Arellano. Estudió negocios, y hoy tiene su propia empresa. Después de 10 años regresó a ofrecer su ayuda a la Fundación y fue electo el presidente del consejo de la misma”, comentó.
Sin pausa en su fines filantrópicos, Ramírez fundó otras dos organizaciones sin fines de lucro: una fundación sobre medios, llamada Spanish Public Media Foundation, y la segunda, hija de la anterior, una Radio Pública en español, llamada; SPR-Radio Cosmos.
“Es una fundación que no está concentrada en generar ingresos, sino en ayudar a la comunidad con información útil, que los oriente y los guie en una manera diferente a los medios informativos tradicionales”.
Su proverbial labor caritativa tiene su explicación –asegura- en el recuerdo de su padre y la experiencia que sufrió desde muy joven.
“Estuve 13 años sin documentos y sufrí mucho cuando tuve que dejar la escuela. Por suerte, este también es un país de oportunidades. Cruzamos la frontera, llegamos desamparados, sin documentos, sin padre, y salimos adelante. Ahora, si tienes educación, todo es diferente”.
Y este empresario cuyo sendero al éxito empezó a limpiando pisos y baños, tiene un mensaje para todos los hispanos exitosos como él.
“Sean más participativos en la comunidad. Hagámosle llegar más de nuestros beneficios a aquellos desafortunados. El dinero que hagamos ahora, no lo llevaremos con nosotros a la tumba”.
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