General Motors informó que reducirá significativamente la producción de autos en Norteamérica, dejará de construir algunos modelos con un bajo volumen de ventas y eliminará empleos, lo que significa la mayor restructuración de la automotriz en una década.
 
Anunció que se enfocará más en vehículos eléctricos y de conducción autónoma, debido a un mercado en declive para los autos sedán tradicionales. La empresa planea detener el próximo año la producción en tres plantas: Lordstown en Ohio, Hamtramck en Michigan y Oshawa en Ontario, Canadá.
 
Además, dejará de producir varios de los modelos que se ensamblan en esas plantas, los que incluyen el Chevrolet Cruze, el híbrido Chevrolet Volt, el Cadillac CT6 y el Buick LaCrosse. “Estamos ajustando la capacidad a las realidades del mercado”, dijo la presidenta ejecutiva, Mary Barra.
 
Las plantas en Baltimore, Maryland, y la comunidad suburbana de Detroit de Warren, Michigan, no tienen productos asignados después del 2019 y están en riesgo de cierre, dijo GM. La compañía adelantó que también cerrará dos fábricas no identificadas fuera de América del Norte.
 
Respecto a los despidos de trabajadores, la automotriz detalló que el recorte se estima en casi 15,000 empleos, según sea necesario para mantener a la empresa fuerte mientras inyecta dinero en nuevas tecnologías y nuevos negocios.
 
Aclaró que los cambios serán discutidos con el Sindicato de Trabajadores del Automóvil el próximo año. En su última reestructuración, a fines de octubre, ofreció salidas negociadas a 50,000 empleados en Norteamérica.
 
La empresa ha dicho que los aranceles al acero importado, impuestos este año por el gobierno de Trump, le han costado 1,000 millones de dólares. Estas acciones anunciadas se suman a la mayor reestructuración que ha tenido el principal fabricante de automóviles de Estados Unidos, desde su bancarrota hace una década.