Hispanic News Agency, (HINA).- Una cosa es el negocio y otra, la familia. Negocio es negocio y familia es familia.  El negocio, para que funcione, tiene que tratarlo como tal.

Y esa parece ser la máxima que inculcó José Guadalupe Valdivia a sus hijos, Saúl y José Valdivia, quienes forman una familia entorno a Era Valdivia Contractors, Inc.

    José Guadalupe fundó la empresa en 1987 y  ha llegado a generar hasta 30 millones de dólares en ventas anuales.

Para el creador, un ingeniero civil graduado en una Universidad de Aguascalientes, México, uno de los secretos del éxito de un negocio familiar está en la cooperación de conjunto y la decisión de su líder.

“Ese es uno de los grandes retos, una de las cosas más difíciles -admite-, porque en la familia, no todos tenemos la misma forma de pensar y se requiere de una autoridad que lleve el barco a puerto seguro, sin que eso signifique ser autoritario o estar cerrado a las buenas ideas de los demás”.

Y José Guadalupe Valdivia lo dice con la seguridad y la modestia de un hombre visionario y de mucha fibra emprendedora.

    De Nevada a Chicago

A los 22 años, emigró de Aguascalientes con el título de ingeniero civil bajo el brazo y mucha hambre de triunfar, trabajó en las minas de Nevada.

“Me pagaban bien, pero no era un lugar bueno para criar a la familia, las escuelas de mis hijos quedaban muy retiradas”, lamenta.

En 1979, se mudó a Chicago para trabajar con sus hermanos y primos en la construcción.

Muy pronto se dio cuenta que su destino estaba en sus propias manos.

“La compañía donde trabajamos nos ocupaban solo cuando nos necesitaban. Tres y cuatro veces al año. Empecé a trabajar con otras compañías y el panorama era el mismo”, relata.

Entonces vio la oportunidad de comenzar una compañía propia, recuerda.

En 1984 irrumpió como empresario al fundar G & V Contractors, también enfocada en construcciones generales.

La comenzó con sus hermanos, pero no tenía trabajos suficientes para mantenerse ocupados todo el tiempo y ellos terminaron trabajando en otras compañías. Al principio, si bien la empresa avanzaba, los ingresos tampoco eran lo suficiente para tirar fuegos artificiales. Entonces el ingeniero echó un vistazo al futuro y desde el principio le imprimió una nueva dinámica para la empresa Era Valdivia Contractors, Inc..

No se amilanó por el fracaso. Tres años después, lanzó la compañía Era Valdivia Contractors, Inc., para la construcción de casas, pequeños edificios, torres de agua y, entre otras obras, reparaciones de los puentes que se han convertido en el corazón de la empresa.

 

 

El camino al éxito   

 

“Cuando comencé la compañía solo uno de mis cuatro hermanos era casado, el costo de vida era mínimo, ¿qué pasaría cuando tuvieran su familia? -se preguntó- Por eso empecé a mirar desde el primer día que necesitamos crecer para mantener una familia futura”, afirmó.

Con esa mentalidad, el mayor de la familia Valdivia buscó nuevas oportunidades e inició el ascenso hacia el éxito.

“Para seguir progresando tenemos que ser estrictos y no conformarnos con mantenernos en un mismo nivel. Las cosas van cambiando, los gastos se van multiplicando, y en la medida en que esto sucede, hay que mirar al futuro para mantener el negocio a flote”, explica.

Esa visión pragmática le sirvió para encaminar a su familia en la senda del desarrollo de Era Valdivia Contractors, Inc. garantizando un relevo generacional.

“Tenemos el orgullo de que se puede trabajar con la familia, y seguir creciendo lo que empezó mi papá y llevarlo a las otras generaciones. Al trabajar junto a él, entiendo un poco más todo lo que pasó, para traer el bienestar a la familia”, dijo José Valdivia.

Saúl, su hermano mayor, también se mueve con el mismo combustible emprendedor de su padre.

“Nos da mucho orgullo que empezó algo de la nada, y con la ayuda de su familia, sus hermanos, tíos, etcétera. Ahora con mis hermanos y mis primos, el negocio ha podido salir adelante”, dice con confianza.

Pero a la vez, es una responsabilidad muy grande, porque es un negocio que ya rebasó las tres décadas.

Y traza las metas: “Con los años, nos toca seguir la compañía y seguir adelante, hay que ver cómo va cambiando el negocio. Cada año es diferente, más tecnología, más reglas, más leyes. Es un desafío, llevarlo al siguiente nivel”.

El crecimiento, en sí mismo, implica riesgos si no se sabe manejar bien, dice por su parte Saúl.

“No se puede perder la esencia de una compañía familiar. Y siempre se debe separar una cosa de la otra. Negocio es negocio y familia es familia”, sonríe. NN