Recuerdo los días difíciles que atravesó el peruano Cesar Izquierdo cuando su hermano Cesar Augusto, perdió la batalla contra el cáncer, después de un largo tratamiento en el hospital Cook County.
Entonces dijo algo que sonó a promesa: jamás olvidaré todo lo que hicieron por mi hermano.
Y cuando hablaba de “todo”, no se refería solo a la atención médica, sino también al afecto y respaldo que recibió el paciente desde que se supo de su padecimiento.
Porque Cesar Augusto fue también una persona querida por la comunidad mucho antes del lamentable diagnóstico-. Fue, por muchos años, el Santa Claus del barrio, el hombre que se apostaba frente a la estación de Policía de Rogers Park vestido como Papa Noé, solo para disfrutar la alegría de los niños que se sentaban en sus pierdas en la época de Navidad.
Era, también, una persona sin documentos de legal estancia, y cuando su enfermedad entró en la fase terminal, pidió casi como último deseo, ver a su esposa que se encontraba en Perú, pero la visa a la mujer le fue negada en reiteradas ocasiones, por el hecho de que Cesar Augusto había decidido permanecer en el país con una visa de turista, como un sinnúmero de indocumentados.
De pronto la familia Izquierdo se vio lidiando en dos frentes: la lucha por el cáncer que agravaba por día el estado clínico del paciente y el reclamo de traer a Chicago a Julia Soledad, la esposa del enfermo, en una historia que ocupó la portada de nuestra publicación.
Gracias al apoyo del personal médico, oficiales electos que pidieron por escrito una solicitud de visa y de otras gestiones hechas ante la embajada de Estados Unidos en Lima, Perú, Julia Soledad pudo viajar a Chicago y ver al convaleciente, pocos días antes de morir.
El dueño de Taste of Perú perdió a su hermano, pero siente un agradecimiento infinito por aquel gesto y, para expresarlo de alguna manera tangible, ofreció una comida peruana para más de 500 comensales en el mismo hospital donde su hermano, un indocumentado sin seguro médico, fue atendido por seis largos meses.
El gesto de Izquierdo va más allá de una cuestión familiar para convertirse en un ejemplo para quienes luchan por crear consciencia de una enfermedad que padecen cerca de 8 millones de personas en todo el mundo y que solo en Estados Unidos mata a más de medio millón anual.
La lección que nos da Izquierdo con este gesto es sencilla, pero con muchos quilates de simbolismo: no olvidemos a los enfermos de cáncer, especialmente a aquellos que carecen de recursos por una razón u otra, ya sea con pequeñas donaciones, con su tiempo o la palabra de aliento al familiar, amigo o el desconocido enfermo. Solo hay que hacer esa promesa y cumplirla.