Por José López Zamorano

Para La Red Hispana

No todo el arte debe tener como objetivo transformar al mundo. Existen grandes obras maestras de la música o de la pintura que son la expresión más pura del espíritu humano y que nos conectan misteriosamente con las fibras más sensibles de nuestra existencia.

Pero cuando aparecen raras joyas del arte que penetran nuestra conciencia y no sólo expresan las sensibilidades del artista, sino que nos revelan una realidad que tenemos frentes nuestros ojos y que no habíamos entendido en su dimensión, como lo ha hecho la cinta “Roma” de Alfonso Cuarón, lo consecuente es asumir el compromiso de hacer algo no sólo por entender, sino por transformar esa realidad.

En los Estados Unidos existen alrededor de 2 millones de trabajadoras domésticas, muchas de las cuales no sólo carecen de las protecciones más elementales, sino que son víctima de abuso, incluido de tipo sexual, por parte de patrones que se aprovechan de las circunstancias migratorias o personales de las trabajadoras.

El año pasado la Alianza Nacional de Trabajadoras del Hogar y la Alianza Nacional Campesina lanzaron un movimiento de reforma de la Ley de Derechos Civiles, de tal forma que ofrezca protecciones legales a todos los trabajadores, sin excluir a empleadas domésticas o del campo.

Y es que el Título 7 de la Ley de Derechos Civiles, prohíbe la discriminación por género, raza, color o religión, y protege contra abusos laborales, pero no se aplica a empleadores que tienen menos de 15 empleados, con lo cual se excluye a millones de trabajadores y trabajadoras del hogar que en promedio ganan 11 dólares por hora.

La senadora Kamala Harris y la legisladora Pramila Jayapal presentaron en noviembre la primera iniciativa de ley de derechos para trabajadoras domésticas a fin de extender las protecciones del Título 7 a fin de que gocen del derecho a sindicalizarse, al pago de horas extra y a defenderse en casos de abuso sexual, entre otros beneficios.

“Roma” ha abierto una conversación global sobre las relaciones raciales, el trato y los derechos de las trabajadoras domésticas. Ahora nos corresponde a la sociedad civil en su conjunto poner nuestro grano de arena para hacer conciencia, cambiar actitudes y trabajar por los cambios en este y otros países para que reciban el trato justo y digno que se merecen. Nada más y nada menos.

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